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domingo, 9 de octubre de 2016

LAS ONG Y LA MECÁNICA DE LA GUERRA HÍBRIDA



Las ONG “vinculadas al extranjero” por todo el mundo juegan un papel irremplazable en el fomento de las guerras híbridas. La ley de la guerra híbrida declara que este tipo de conflictos son conflictos identitarios fabricados, predicados para desbaratar, controlar, o influenciar los proyectos de infraestructura conectivos transnacionales y multipolares en países clave de tránsito por medio de la representación de: Alteración de régimen, Cambio de régimen, o Reinicio de Régimen (en adelante, ACR-R). Estas tres tácticas también podrían ser descritas como concesiones políticas, como transición de liderazgo “pacífica” o violenta, o como alteración del Estado fundamentalmente a través de medios tales como la descentralización presionada para conducir hacia una federación identitaria fácilmente manipulable.

En cuanto a los tipos de conflictos identitarios que se espera que abarquen las guerras híbridas, pueden ser categorizados como históricos, étnicos, religiosos, socio-económicos, y geográficos (tanto en términos de pertenencia político-administrativa como regional). El incitador para la guerra híbrida podría ser premeditado o casual, pero en ambos ejemplos, los escenarios de conflictos son impulsados por la participación crucial -pública o discreta- de las ONG vinculadas al extranjero (en cuanto a financiación, dirección, alianzas, etc.), de ese modo se justifica la razón por la que están siendo estudiadas en este análisis junto con las últimas tendencias bélicas.
1. Precondiciones

Casi todas las ONG vinculadas al extranjero (en adelante mencionadas simplemente como ONG) aparte de aquellas dedicadas puramente al trabajo humanitario con la supervisión y permiso explícitos del Estado anfitrión, se dedican a precondicionar a la población objetivo para que acepten las narrativas construidas. Aquellas sobre todo enfocadas sobre temas históricos, sociales y/o políticos, que apuntan a modelar la mentalidad de la audiencia y contribuir a la formación de identidades absolutamente nuevas (por ejemplo, “kosovares”) o a reformar las existentes (por ejemplo, desde el patriotismo al nacionalismo, o de la ciudadanía inclusiva a los anhelos separatistas exclusivos).

Las ONG trabajan junto a los portales mediáticos -nuevos y tradicionales- en la difusión de estas ideas y la multiplicación del efecto que tienen en la alteración de las conciencias de sus audiencias, así como en promocionar la organización y los objetivos predeterminados de sus mecenas para fomentar la separación identitaria convertida en arma. “Hechos” falsos, desacreditados y/o cuestionables, circulan habitualmente en el triángulo información-medios-academias de las comunidades y agentes favorables para extender las nuevas mitologías, que de manera resultante, causan ingeniería social en las mentalidades de los perfiles demográficos objetivo, a través de la ilusión elaborada de que “voces acreditadas” están apoyando tales nuevas mitologías.
Ambas categorías de impronta ideológica son así de igualmente útiles en promocionar el conjunto de objetivos políticos dentro del Estado objetivo, con el fundamento promovido siendo dependiente de lo que está concebido para ser el final exacto del conflicto. El liberalismo es más susceptible de formar nuevas identidades con propósitos separatistas, mientras que el nazismo (o “nacionalismo extremo” para generalizar) tiene un papel en la generación de furiosos odios anti-gubernamentales y la provocación conflictos interestatales (por ejemplo la Ustacha croata intenta obsesivamente la desestabilización de Bosnia y la provincia norteña serbia de Voivodina).

2. Financiación

Las ONG deben recibir su dinero de algún modo, y a parte de mendigar (o “solicitar donaciones” como ellas lo denominan) en las calles por algún dinero extra, la mayoría de ellas reciben el grueso de su financiación desde una de estas tres fuentes principales:

Gobiernos:

El gobierno de los EEUU financia organizaciones tales como “National Endowment for Democracy” (en castellano, “Fundación Nacional para la Democracia”, auto-descrita en 1991 como organización que hace lo que la CIA solía hacer de manera encubierta 25 años antes de entonces) para comportarse como frentes de inteligencia público-privados en el extranjero, que mezclan la experiencia de agentes profesionales con una “negación plausible” de civiles.

Corporaciones:

Ciertas compañías pueden tener interés en desplegar de manera independiente sus propias ONG, tanto si es para hacer lobby en nombre sus intereses como si es para agitar contra sus oponentes, con esta intensificación potencial hasta el nivel de poner presión de tipo ACR-R (Alteración, Cambio, Reinicio de Régimen) en unos u otros gobiernos para estos propósitos.

“Filántropos”:

Donantes “privados” tales como George Soros y los príncipes saudíes manejan la Fundación Soros y las “organizaciones caritativas islámicas” respectivamente (estas últimas siendo las primeras redes de ONG a nivel mundial convertidas en arma a gran escala durante el periodo de la guerra de Afganistán en la década de 1980), con sus organizaciones habiéndose extendido por todo el globo en este momento, y algunas veces trabajando para promocionar sus sombríos intereses mano a mano con exclusivos clientes gubernamentales.

Cada una de estas tres diferentes fuentes proporciona financiación y entrenamiento para sus delegados (proxis) sobre el terreno, con el deseo de que tengan éxito en cultivar una comunidad de quinta y sexta columnistas para ayudar a sus objetivos. El entrenamiento organizacional y las técnicas organizativas son esenciales debido a la fuerza con que influyen en la efectividad del grupo, dado que a fin de cuentas, es habitual que los pequeños miembros del núcleo sean lo que verdaderamente cuenta, ya que sus cohortes y civiles afiliados, o bien son voluntarios, o bien son pequeños gastos temporales.

Las ONG también son muy útiles para sus patrocinadores porque funcionan como un intermediario en la entrega de sobornos y la transmisión de chantajes a diferentes individuos privados (por ejemplo periodistas) y figuras políticas, y si ellos operar en un entorno de “laissez faire” (dejar hacer), entonces ellos también podrían tomar parte de manera valiosa en diferentes escalas de actividades de blanqueo de dinero para estos fines o en apoyo de los intereses pecuniarios de sus patrocinadores. Incluso si son cogidos, el grado único de separación que ellos disfrutan “plausiblemente” respecto a sus patrocinadores debido a su estatus supuestamente “independiente”, es suficiente para proteger a sus partidarios de cualquier culpa “oficial”.

3. Testaferros

Las ONG han aprendido a emplear rostros y personal local para dotar al personal de sus oficinas en el extranjero, entendiendo que esto ayuda a desviar cualquier crítica inmediata sobre lazos extranjeros así como de simplistas “periodistas de investigación” que solo miren superficialmente en los pasaportes de la gente que ahí trabaja para trazar sus conclusiones. En realidad, aunque realmente esta política va menos en el sentido de borrar dichos enlaces de las ONG con el extranjero, que en el sentido de embaucar a la población con la que ellos planean interactuar, dado que normalmente los detectives esforzados son exitosos en el descubrimiento de las conexiones financieras, de comunicación y de personal que conectan a una organización investigada con una entidad extranjera.

Los individuos comunes en la calle, sin embargo, pueden no tener ni idea de que sus conciudadanos que les entregan pasquines antigubernamentales y les instigan a unirse a la protesta, pueden estar al servicio de entidades extranjeras, incluso si alguno del mismo personal del grupo no es ni consciente de esto. La falsedad que llega con el engaño a la gente para que se junte a una actividad u organización debido al hecho de que los lazos extranjeros que están tras ella, sean escondidos deliberadamente, demuestra que los patrocinadores de la iniciativa aceptan -a sabiendas- que a los lugareños probablemente les espantaría este tipo de cosas si supieran que estaban patrocinadas desde el extranjero. Debido a que muchos de ellos no tienen ni idea de esto, son más susceptibles de ser engañados para participar.

Junto a las líneas de testaferros de la ONG, debería mencionarse en relación a esto, que los futuros líderes del gobierno anti-gubernamental son algunas veces pastores (Zimbabue), monjes (Myanmar, la región autónoma del Tíbet), o estudiantes (las “típicas” revoluciones de color), todos ellos tienen una reputación internacional de ser aparentemente inocuos e inofensivos. No importa si esto era realmente cierto o no antes de “el evento” (las especificidades del cual serán pronto descritas), el hecho es que el momento en que esos actores supuestamente pacíficos empiezan a manifestarse agresivamente contra el gobierno, provocando conflictos con la policía y los militares, y algunas veces incluso atacando a los agentes del orden y a las propiedades públicas y privadas, han perdido su derecho a ser respondidos de un modo no-violento, justificando de tal modo las técnicas decisivas de control de masas (y algunas veces de mano dura) por parte de las autoridades.

Estos testaferros también juegan otro papel complementario, y es el de promover sus reputaciones presumiblemente pacíficas a través de canales mediáticos conspirativos que tienen interés en retratar a estos individuos como “tranquilos manifestantes pro-democráticos”, además de para editar selectivamente y desinformar deliberadamente de sus choques provocados con las autoridades como resultado de una “dictadura impopular y hambrienta de poder que asesina a su propia gente”. No importa que nada de esto sea fácticamente cierto, sino que, lo que cuenta es la percepción errónea intencionada, debido a la facilidad con que tales narrativas fabricadas pueden llevar completamente fuera de proporción a un evento local, regional, o nacional, y rápidamente transformarlo en una “crisis internacional” que estimule a que gobiernos extranjeros pongan presión muy publicitada sobre el estado objetivo.

4. Demandando “democracia”

La táctica que toda ONG políticamente afiliada (tanto si declaró abierta o secretamente esta disposición) termina persiguiendo es la táctica de presionar –finalmente- a su gobierno anfitrión en un intento para hacerlo más “democrático”. La razón por la que la “democracia” es tal obsesión para estas organizaciones y sus patrocinadores, no necesariamente tiene nada que ver con sus inherentes atributos “normativos” (la reiteración occidental más habitual de esta ideología), sino con su conveniente estructura en la que se eliminan regularmente los ciclos de liderazgo. Las “democracias” influidas por occidente tienen ciclos previsibles de elección que están comprendidos en la teoría de la guerra híbrida, como algo que representa nada más que oportunidades “pacíficas” para el cambio de régimen, y de aquí la actividad frenética a la que se dedican las ONG antes, durante, e inmediatamente después de este momento. La “democracia” occidental también está marcada por la inseparable cultura política de los lobistas (sobornadores legales) y de los portales mediáticos masivos motivados por lo comercial, provocando que sea mucho más fácil de intervenir -por parte de actores extranjeros y sus peones locales de ONG- en los procesos “democráticos” y secuestrarlos en la dirección de sus objetivos. 

Si las elecciones no desembocan en el resultado deseado que están buscando las ONG y sus patrocinadores internacionales, o si el siguiente ciclo electoral no es hasta dentro de algunos años y estos actores se impacientan y/o creen que la ventana para lograr sus fines políticos puede cerrarse para ese tiempo, entonces conspirarán para ingeniar un evento que ponga presión sobre el gobierno para embarcarse en la ACR-R bajo la amenaza omnipresente de guerra híbrida.
Si el gobierno no se Altera, Cambia, o Reinicia tras experimentar la coerción “pacífica” de la Revolución de Color con la que los intereses extranjeros y sus ONG -cual soldados de a pie- intentan forzarlo “democráticamente”, entonces el gobierno o gobiernos tras la farsa, pueden tomar la decisión de iniciar una guerra híbrida mediante la transición desde una Revolución de Color hacia una Guerra No-Convencional. No siempre se garantiza que este sea el caso, dado que algunas veces, ciertos disturbios de Revolución de Color no están plenamente respaldados por sus patrocinadores extranjeros y redes de ONG, y en cambio son exámenes de prueba para evaluar las vulnerabilidades estructurales, así como las respuestas, y otro tipo de inteligencia valiosa que podría ser muy útil en un futuro escenario ACR-R que esté apoyado con más determinación para esos propósitos. Después de todo, si el Estado es lo bastante fuerte como para defenderse contra este ataque asimétrico usando las medidas de Seguridad Democrática y/o la futura insurgencia carece de la viabilidad a largo plazo para sostener una campaña exitosa de guerra híbrida ACR-R (quizá si no puede construirse a tiempo un arreglo regional efectivo del tipo “encabezar desde atrás”), entonces puede que los patrocinadores extranjeros retiren su apoyo para la agitación y esperen hasta que otra oportunidad futura pudiera ser maquinada en un momento más decisivo.

5. Dando el salto

Cuando la Revolución de Color experimenta la transición gradual hacia una guerra híbrida mediante la evolución hacia una Guerra No-Convencional, hay mucho del anterior arreglo estructural tras la escena que simplemente sigue igual pero con un nombre diferente. Muchas de las redes de ONG y su personal, evolucionan hacia insurgentes armados o proporcionan a los combatientes apoyo informativo, organizativo, logístico, y/o material.

A pesar de que las tácticas del ACR-R han cambiado, el principio sigue siendo igual, aunque con una perceptiblemente menor afluencia encubierta de asistencia extranjera (insurgentes, armas) en prosecución de esos fines.

No todas las ONG vinculadas al extranjero y sus trabajadores pueden tomar parte en esas actividades abiertamente sediciosas, pero es una apuesta razonable que muchos de ellos lo estén en una medida u otra, después de todo, la única diferencia entre los revolucionarios de color y sus homólogos de la guerra no-convencional, son los medios que están dispuestos a emplear para lograr su objetivo compartido, con “cada mano lavándose entre sí” para realizar las tareas complementarias para este fin.

6. Pensamientos en conclusión

La guerra híbrida es la última forma de agresión que está realizada por las fuerzas unipolares contra el orden mundial multipolar emergente, y el modo indirecto en que es practicado, protege al perpetrador de las repercusiones inmediatas y así incrementa el atractivo de esta estratagema. Viendo que la dependencia en la guerra híbrida como instrumento de política exterior, no muestra signos de disminuir de manera realista para el futuro previsible debido a la naturaleza novedosa y rentable en la que se aplica, hay una urgencia apremiante para entender cada faceta en la que se lucha, es decir, la pertinencia en exponer el papel esencial que las ONG juegan en este proceso.

Recordando que las guerras híbridas se basan en la instigación exterior y la subsiguiente manipulación de conflicto identitario en un Estado de tránsito objetivo, junto a la ruta de un importante proyecto de infraestructura conectivo transnacional y multipolar, entonces es mucho más fácil de conceptualizar la función que las ONG hostiles y vinculadas al extranjero tienen en poner en movimiento esta secuencia de “caos controlado”. Estos grupos tienen la tarea de provocar una sensación de separación identitaria entre la población, y un sentimiento socialmente ingeniado por el cual los organizadores conciben que finalmente conviertan a ciudadanos patrióticos en simpatizantes anti-gubernamentales.

Las redes de ONG y personal local que participan en este esquema asistido por extranjeros y aspira con alterar, controlar, o influir esos proyectos de infraestructuras anteriormente mencionados a través de varios tipos de presión tipo ACR-R contra las autoridades, normalmente se convierten en insurgentes y otras formas de amenazas asimétricas cuando sus fallidas tácticas de Revolución de Color empiezan a convertirse en una forma mejorada de Guerra No-Convencional. Dado que las ONG vinculadas al extranjero son las fuerzas de vanguardia que encabezan la última reiteración de la guerra híbrida por todo el mundo, está en los mejores intereses de todo gobierno responsable, la puesta de controles de supervisión y restricciones operativas sobre estos grupos para neutralizar sus capacidades ofensivas y proteger la seguridad nacional.

viernes, 9 de septiembre de 2016

¿QUIÉN FUNDÓ A LOS YIHADISTAS: LOS BUSH, LOS CLINTON U OBAMA?: OPERACIÓN CICLÓN DE LA CIA

¿QUIÉN FUNDÓ A LOS YIHADISTAS: LOS BUSH, LOS CLINTON U OBAMA?: OPERACIÓN CICLÓN DE LA CIA extraido de la web kaethon


     

La perturbadora imputación de Donald Trump de que Obama es el "fundador" de los yihadistas de Isis/Daesh ha causado tremendo revuelo tanto en Estados Unidos (EU) como en el resto del mundo (http://goo.gl/7yFf7p).

Ya Trump había acusado sin rubor a Obama y a su entonces secretaria de Estado, Hillary, de estar detrás de la proliferación yihadista (http://goo.gl/ggJvEn).

El mismo presidente ruso, Vlady Putin, había indiciado a EU de encontrarse detrás del irredentismo yihadista (http://goo.gl/I1kn6D).

Debido a la conmoción, el mismo Trump se desdijo para comentar que sus declaraciones eran producto del "sarcasmo", para volver a la carga un día después y reiterar sus graves cuan temerarias imputaciones que sus seguidores, que conforman un mínimo de 40 por ciento del electorado, creen a pie juntillas (http://goo.gl/DgmSLv).

Pero, ¿quién realmente fundó a los yihadistas?

La clave primigenia se encuentra en la Operación Ciclón de la CIA, cuando el 3 de julio de 1979 el presidente Carter autorizó en forma "secreta" 500 millones de dólares para crear, a instancias de Zbigniew Brzezinski, su asesor de Seguridad Nacional, un movimiento de guerrilleros islámicos en Afganistán/Pakistán con el fin de desestabilizar y empantanar a la URSS.

La CIA fue encargada de la Operación Ciclón, que financió y armó a los guerrilleros de la Yihad, los legendarios mujahidines de 1979: antecesores de sus hijos y nietos yihadistas hasta 2016 (http://goo.gl/g7nggB).

Brzezinski confesó a la revista francesa Le Nouvel Observateur que el objetivo de Operación Ciclón era “inducir a una intervención militar soviética (http://goo.gl/6gtg0l)”: el "día que los soviéticos oficialmente cruzaron la frontera [de Afganistán] le escribí al presidente Carter: ahora tenemos la oportunidad de propinarle a la URSS su guerra de Vietnam".

La URSS había intervenido para apoyar al régimen filomarxista de la República Democrática de Afganistán y, desde el vecino Pakistán, el general Muhammad Zia-ul-Haq coordinó, con la bendición de la CIA, a los mujahidines durante la década de los 80.

A propósito, Zia-ul-Haq, quien mandó ejecutar al premier Zulfikar Alí Bhutto después de haberlo depuesto en un golpe militar, murió en un extraño atentado aéreo y se llevó todos sus secretos al paraíso. ¿Para borrar rastros y rostros?

El financiamiento de Operación Ciclón por la CIA es considerado el más costoso y de mayor duración por EU: continuó 10 años después de su arranque durante la guerra civil en Afganistán de cuatro años entre las fuerzas de Mohamed Najibullah, de la República Democrática de Afganistán, y los mujahidines glorificados por el montaje hollywoodense del superhéroe Rambo.

Los célebres servicios de espionaje de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés) lubricaron la intermediación de fondos, armas y entrenamiento militar para los mujahidines, en los que contribuyeron el espionaje británico MI6 y los Servicios Aéreos Especiales de Gran Bretaña.

El espionaje paquistaní ISI entrenó a más de 100 mil (¡supersic!) mujahidines. Desde el ISI, servicio de espionaje de Pakistán, hasta los caleidoscópicos yihadistas de Isis transcurrieron dos generaciones de la transmogrificación cocinada por la CIA y su alquimia de monstruos.

Los soviéticos abandonaron Afganistán, donde sufrieron 14 mil muertos y más de 50 mil heridos, el 15 de febrero de 1989, lo cual desembocó en la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS.

Nolan Kraszkiewicz y David Edger, de la Universidad de Oklahoma, evalúan la Operación Ciclón (1979-89), que "desempeñó en forma magnífica (¡supersic!) los objetivos de EU": drenar las finanzas y acabar con la URSS como "superpotencia". Pero con una consecuencia "inesperada": "EU dejó el terreno y la infraestructura para sus nuevos enemigos, los talibanes, quienes dieron refugio seguro a Al Qaeda", lo cual desembocó en el 11-S (http://goo.gl/rjDJO2).

Ante la metástasis incoercible de los mujahidines, la entonces primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, advirtió a Daddy Bush: "están creando un Frankenstein" y que, según Evan Thomas, de la revista Newsweek, era “la ruta al 11 de septiembre (http://goo.gl/qOx8Rd)”, la cual, por cierto, había previsto tres años antes nada menos que el entonces superespía Vladimir Putin (https://goo.gl/hZXXV1).

Juan Cole, uno de los máximos arabistas de EU, contesta los alegatos de Trump: "No, Obama no fundó Isis, señor Trump: fue el Partido Republicano", ya que el "Republicano" George W. Bush "creó Daesh/Isis".

Cole remata: “Abu Musa al-Zarqawi, operador de Al-Qaeda en Irak durante la segunda guerra del Golfo, fundó Isis de los escombros de su organización mucho antes de que Obama fuera presidente (http://goo.gl/sCQbwm)”.

Cole está más atento a defender a Obama que a investigar e ir hasta las raíces del yihadismo desde la Operación Ciclón de la CIA eterna.

Obama no fundó a los yihadistas de Isis/Daesh –genuina transmogrificación y gratificación de la dupla Carter/Brzezinski–, pero los dejó renacer y proliferar en forma deliberada, en coordinación con Hillary Clinton, su anterior y polémica secretaria de Estado, desde los rescoldos de sus abuelos y padres genealógicos: los mujahidines del binomio Afganistán/Pakistán de hace 37 años.

Carter, Reagan, los dos Bush ( Daddy y Baby), los dos Clinton (Bill y Hillary) y Obama, productos del bipartidismo imperante en EU (partidos Demócrata y Republicano) por igual, mantuvieron a conveniencia la llama votiva del terrorismo islámico: desde los mujahidines hasta sus hijos y nietos yihadistas, debido a propósitos geoestratégicos de EU, con el fin de socavar las entrañas musulmanas de las tres superpotencias euroasiáticas: ayer la URSS, hoy Rusia, al unísono de los dos rivales geoeconómicos de Washington: China e India.

Treinta y siete años después de la eclosión de los mujahidines, The New York Times admite que “la CIA apoya a los rebeldes sirios en la guerra de encargo de EU (http://goo.gl/m2to2l)”: ¡hijos y nietos yihadistas posmodernos!

Lo destacable es que Obama se jacta de que los yihadistas “serán derrotados inevitablemente, pero conservarán sus redes (https://goo.gl/Mto0o4)”.

¿No se pueden, acaso, desmantelar las "redes" yihadistas?

¿Significa que EU mantendrá la incubación del terrorismo islámico por tiempo indefinido como espada de Damocles contra las entrañas mahometanas del RIC (Rusia, India y China) conforme convenga a sus intereses geoestratégicos en Eurasia?

El inexorable tiempo concedió la razón histórica a la ex premier Benazir Bhutto, también asesinada e hija del ejecutado primer Zulfikar Alí, sobre el "Frankenstein" que creó la CIA.

Tal "Frankenstein" epitomiza un programa estructurado desde Carter en 1979 mediante la Operación Ciclón, pasando secuencialmente por Reagan/los Clinton/los Bush, hasta ahora con Obama después de 37 años y que no ha variado en su esencia geoestratégica: descarrilar a Rusia –incluyendo las entrañas islámicas de China e India, dependiendo de cómo se comporten frente a los intereses geoeconómicos y geofinancieros de EU– con los yihadistas de Isis, como ayer lo hicieron sus abuelos y padres mujahidines de ISI con la URSS.

GUARDIAS PRETORIANAS Y PERROS DE PRESA: HACIA UNA SUPERACIÓN DE LA IDEOLOGÍA MODERNA

GUARDIAS PRETORIANAS Y PERROS DE PRESA: HACIA UNA SUPERACIÓN DE LA IDEOLOGÍA MODERNA

      

La dicotomía izquierda-derecha como marco socio-político hegemónico.

Si el lenguaje es siempre una herramienta de conocimiento con la que el hombre ordena y aprehende la realidad, entonces el empleo de los lenguajes del poder, es decir, aquellos discursos emanados desde las estructuras oligárquicas dominantes a fin de auto-legitimarse en su posición privilegiada, ha de tener como consecuencia inevitable una existencia, entendida como experiencia vital, inmersa de principio a fin en la realidad construida y articulada por esos mismos poderes.

Para el imaginario colectivo occidental el arco 'ideológico-político' [1] se reduce a la dicotomía básica entre izquierda y derecha, un esquema muy básico, arbitrario y bastante pueril basado en la oposición entre estos dos términos contrarios e irreconciliables, unos términos vagos, mal definidos -incluso en ocasiones contradictorios- pero extrañamente identificables de forma inmediata para cualquier ciudadano occidental medianamente instruido. Este esquema básico se completa por medio de imaginarse tal espectro 'ideológico' como un continuo que transita entre estos dos extremos.

La idea, extremadamente sencilla, puede representarse gráficamente como sigue:



Sin duda, gran parte de la fuerza de esta idea radica en su simplicidad, en base a un reduccionismo muy propio del pensamiento moderno que impide cualquier complejidad a la hora de abordar el análisis de la realidad.

Pero este esquema es mucho más que un marco de interpretación 'político' como se suele pensar, en realidad sus consecuencias van mucho más allá convirtiendo tal esquema cognitivo en una herramienta con la que interpretar, clasificar y ordenar casi toda la realidad, imponiendo un pensamiento reduccionista y bipolar, a menudo carente de matices, para el cual todo es blanco o negro. Un modo de pensar exclusivista -que excluye lo diferente- muy propio de toda la filosofía occidental y ante el cual el ciudadano actual no puede mostrarse neutral o indiferente pues se ve impelido a posicionarse en el mismo de continuo por parte de los media.

Es evidente por tanto que nos encontramos ante un discurso instrumental, promovido desde el poder con el fin de causar unas respuestas determinadas, en un primer momento de orden psicológico -filias y fobias- que se convertirán posteriormente, si son adecuadamente dirigidas, en actitudes y acciones tangibles. Entre los variados efectos psico-sociales que se busca uno de los más obvios es el de favorecer una percepción general de división, competencia y oposición por parte del ciudadano en todos los órdenes de la sociedad.

Con todo, lo más decisivo es que este esquema aporta al ciudadano corriente un marco prácticamente exclusivo de análisis de la realidad que le rodea, en particular de aquella porción de realidad que le es transmitida a través de los medios de comunicación de masas, pilar fundamental para el sostenimiento de la actual sociedad del espectáculo.

En razón de la 'espectacularización' a que se somete todo en el mundo de la postmodernidad, la política ha sobre-dimensionado su lado más mediático envileciéndose y renunciando por completo a su verdadera función -el gobierno de lo común-, convirtiéndose en un producto más de consumo masivo y entrando de lleno en la lógica del mercado para pasar a ser un asunto de marketing, donde solo importan la rentabilidad, la imagen y la comunicación. La conclusión es que los media no presentan ni pueden presentar la 'política real' sino una ficción creada para el consumo de las masas: la 'política-espectáculo'.

Todo esto no sucede por casualidad. En la sociedad del mercado global toda 'ideología', así como cualquier utopía revolucionaria, por muy rebelde y anti-sistema que se nos presente, no puede sino acabar convertida en mercancía. Una mercancía no distinta de otras, con la única particularidad de ser inmaterial y de referirse al terreno de las ideas y los sentimientos, es decir al mundo interior del sujeto, que queda así menoscabado en su interior, castrado en su capacidad imaginal e intelectual por semejantes ficciones 'ideológicas'. Las pseudo-ideologías modernas suponen entonces un 'opio para el alma', en tanto que son productos fabricados para el consumo masivo de las mayorías explotadas y cretinizadas con el objetivo de limitar y dominar su mundo interior, dirigiéndolo hacia las ficciones y falsos mitos que mejor convenga al poder en cada momento. Las 'ideologías modernas' son una herramienta más de dominación, herramienta dirigida a promover la fragmentación y la división social.

Por estas razones las 'ideologías' bien podrían definirse como 'anti-mitos', pues son de algún modo la inversión de los mitos antiguos. Mientras aquellos eran liberadores y elevadores del hombre, pues le instaban a superarse a sí mismo y, por emplear los términos platónicos, le hacían amar la Verdad y moverse hacia la Virtud; las ideologías de la modernidad sacan a la luz lo peor del sujeto humano, removiendo sus ambiciones más viles y sus apetitos más viscerales -la avaricia materialista, el ansia de consumo, el apetito de dominación- y conducen al hombre hacia la ilusión y la superstición, obligándole a vivir prisionero de una pseudo-realidad.

*

El centro político como 'locus virtutis'.

"Conozco tu conducta: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú dices: 'Soy rico, me he enriquecido, nada me falta'. Y no te das cuenta que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo".

(Ap. 3:15-17)

Como decíamos, más allá de la evidente falsedad e inadecuación de esta idea a la hora de enfrentar la realidad, este esquema contiene ciertas connotaciones filosóficas y morales que suponen un poderoso juicio de valor.

Para empezar los puntos extremos de este eje, habitualmente designados como derecha e izquierda, son interpretados como zonas peligrosas, polos alteradores del 'equilibrio' y la normalidad social, equilibrio que coincide muy significativamente con el centro geométrico cuando el esquema es representado gráficamente.

El equilibrio se identifica al 'centro' y se sugiere a sí mismo como el 'lugar' que garantiza la paz y la armonía de la sociedad por medio de conjugar la tensión y neutralizar las peligrosas tendencias disgregadoras de los extremos, izquierda y derecha: en el término medio está la virtud.

No es de extrañar por tanto que toda posición de poder trate por todos los medios de ser identificada con el centro y la normalidad (normalidad definida únicamente por la frecuencia con que una idea o conducta está presente en la sociedad). El alejamiento del centro, en efecto, marca una progresiva radicalidad en el espectro ideológico político. Izquierda y derecha son entonces percibidos como dos enemigos del 'orden social' igualmente peligrosos e indeseables para el ciudadano corriente, peligros que deben ser conjurados por medio de la acción virtuosa del 'centro'.

Las difusas nociones de izquierda y derecha señalan las lineas del terreno de juego en que debe moverse todo ciudadano de bien formando con ello una pinza psicológica que señala el límite de lo correcto y lo conveniente para el ciudadano corriente; en definitiva definen el 'terreno de juego' de lo aceptable. Un terreno de juego 'ideológico' que va mucho más allá de lo meramente político mediante el cual el poder controla y limita la imaginación de sus sometidos a la vez que los dirige, atrayéndoles inexorablemente hacia el 'centro', espacio donde reside su poder.

El centro es así el espacio exclusivo en que se pueden darse todos esos conceptos tan manoseados por la retórica demoliberal y que definen el discurso occidental: el consenso, el diálogo, etc... pero también y por la misma razón el centro es un espacio de 'tibieza', especialmente notoria por la acusada indefinición y falta de firmeza que causan la necesaria adaptabilidad al contexto y el deseo populista de no decir nada que pueda perturbar la placidez inconsciente de la mayoría.

Pero además, este esquema horizontal e igualitario presenta una imagen muy adecuada a la superstición igualitarista moderna y brinda la ilusión de un orden bajo el aparente caos de la diversidad social. Ahora bien, esta misma horizontalidad del esquema impide cualquier interpretación vertical y con ello invisibiliza el verdadero 'lugar de poder' del que emana este discurso, no se articula un discurso que se refiera a oligarquías y sometidos sino que se divide la sociedad de iguales en polos simétricos y opuestos. Es decir la ilusión de las ideologías modernas divide la sociedad y la enfrenta entre sí.

*

La izquierda como ilusión de 'contra-poder'.

Sin embargo, esta aparente oposición simétrica y perfecta que se asume generalmente entre derecha e izquierda es falsa pues esconde en su interior una profunda asimetría entre ambos términos, asimetría que pone en evidencia la falacia de semejante dicotomía como herramienta de interpretación y análisis de la sociedad moderna.

Para empezar, esta asimetría es de origen y corresponde a lo que se ha denominado la 'prioridad histórica' de la derecha (G. Bueno). La existencia de esta diferencia en su mismo origen nos pone ante una de las características más centrales de toda la izquierda y que a nuestro juicio es reiteradamente obviada en todos los análisis: el carácter esencialmente reaccionario de toda teoría que pueda considerarse 'de izquierdas'.

Quizá sea esta la única característica realmente esencial de la izquierda pues, al margen de ella, la izquierda ha demostrado poseer una capacidad camaleónica inagotable para reinventarse, cambiar sus objetivos, renegar de su pasado y apoyar casi cualquier causa, por disparatada o excéntrica que sea, defendiendo hoy lo que ayer condenaba. Esta carencia de núcleo esencial, de lo que llamaríamos 'valores inamovibles' por parte del pensamiento de izquierdas, no es un accidente fruto del devenir histórico sino que señala directamente a su esencia y hacia su función social de 'enmascaramiento' del verdadero núcleo ideológico, función que abordaremos en la parte final de este trabajo.

Al referirnos al carácter reaccionario, queremos decir que todo proyecto o ideario identificable como 'de izquierdas' nace siempre contra algo, en contra de un enemigo previamente construido, definido y demonizado, y con el objetivo de modificar un orden social y político ya existente.

Y es precisamente este carácter reaccionario la causa profunda de que históricamente la izquierda jamás haya tomado la iniciativa en el proceso de cambio social y que siempre haya estado unos pasos por detrás del cambio real -a menudo limitándose a explicarlo- y del propio poder que marcaba -y marca- la agenda del devenir histórico.

Podrían ponerse numerosos ejemplos de esto pero creemos que bastará con observar la desintegración teórica de la izquierda ante su reto más reciente, la denominada 'crisis' del capitalismo neoliberal y que es, más que una crisis, una prueba de estrés controlada a fin de reajustar el sistema al nuevo contexto global, geopolítico y ecológico -ecológico en un sentido amplio, en tanto aquello que se refiere al ecosistema-. Aquí hemos visto cómo la izquierda, anquilosada en las mismas concepciones ideológicas y formulaciones teóricas desde hace no menos de 50 años, ha hecho aguas por todas partes y ha sido incapaz ni siquiera de proponer una lectura propia de los hechos acaecidos. Ha sido derrotada en la realidad de los hechos tanto como en el campo mediático de la comunicación -capital para una sociedad espectacular donde toda realidad está 'mediada' por otros y que tan bien emplea el liberalismo-.

La izquierda ha resultado por completo arrollada ante la capacidad de innovación del liberalismo, sobre todo en lo que respecta a los nuevos usos del lenguaje -la 'guerra de palabras'- dirigidos a construir una descripción de la realidad que, al modo de un truco de mentalismo o de hipnosis, conforme la mente y el imaginario del receptor. Ante esta operación desarrollada metódicamente desde el núcleo del poder, la izquierda ha terminado por asumir -en lugar de combatir- el mismo discurso liberal, empleando sin tapujos su misma terminología, incapaz de mostrar la más mínima alternativa en el ámbito del discurso mental como tampoco en el de los hechos reales.

II

Las reflexiones anteriores acerca de la falta de iniciativa real de la izquierda en lo que respecta al cambio social nos conducen a la segunda asimetría que quisiéramos constatar: la que se refiere a la muy diferente influencia y valoración social que poseen izquierda y derecha, en el plano político y social pero también en el cultural e intelectual. Es fácil comprobar que tanto la presencia social como la influencia cultural sobre el imaginario colectivo que ha poseído -y aún posee en buena medida- la izquierda no ha encontrado nunca un contrapeso en la 'derecha'.

Por lo que respecta a la derecha, diremos tan solo que la manipulación a que ha sido sometida por parte del liberalismo para vaciarla de toda identidad propia es bastante más evidente que en el caso de la izquierda y así ha quedado reducida a un mero espectro que enfrentar a la izquierda, un pelele que agitar, un miedo atávico, oscuro e impreciso, del que echar mano cuando es necesario juntar filas y atemorizar a la 'clase media'...

Viendo este destino de la derecha, que ha sido demonizada como el mayor enemigo de los derechos, la democracia y la libertad, cabe preguntarse por qué la izquierda, sobre todo atendiendo ahora a su dimensión intelectual y a su influencia en el imaginario popular de las clases trabajadoras, no se ha visto por igual perseguida, proscrita y anulada por el poder de las pasadas décadas. De hecho ha sucedido lo contrario, a menudo ha sido promovida y jaleada desde el poder, que la ha puesto a su servicio convirtiéndola en la cultura institucional. Es evidente que esto solo puede deberse al papel social estratégico que la izquierda debía cumplir.

La izquierda y sus compañeros de viaje inseparables, el progresismo y la contracultura, siguen gozando de una extraordinaria representación en los media y de un gran prestigio en la sociedad. Incluso las más estrafalarias izquierdas poseen una presencia mediática muy superior a la que debiera corresponderles en función de su presencia real en la sociedad, marcan tendencia y alardean con frecuencia de superioridad intelectual y moral frente a cualquier otra corriente de opinión, y ello pese al fracaso histórico absoluto de la izquierda en todos sus objetivos declarados de transformación social.

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"Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?" (Mt. 7:16)

El fracaso histórico de la izquierda resulta más evidente si cabe cuando se repasa lo que han sido los últimos cien años en la historia de Europa. Se constata que la influencia cultural de las corrientes intelectuales y académicas 'de izquierdas' ha avanzado de modo paralelo a la demolición intelectual de la tradición occidental y a la molicie completa de la juventud del viejo continente, entregada a los ocios más destructivos y alienantes: consumismo compulsivo, drogas, videojuegos y modas absurdas vinculadas a la industria del espectáculo-basura fabricado especialmente para ellos [2]. Incluso el mundo de la creación y el arte, cuyo panorama es desolador, ha pasado a llamarse 'industria cultural', dejando con ello muy claro lo que se espera de los artistas, escritores y creadores de cualquier tipo [3].

La respuesta que el progresismo nos ofrece es el consabido argumento de que la izquierda no ha logrado sus objetivos de un mundo mejor, más libre, justo, culto, educado y cortés, debido a la tenaz oposición de 'la derecha'. Podríamos preguntarnos entonces si 'la derecha' ha funcionado efectivamente como barricada y muro de contención al cambio progresista -cambio que no dudamos en calificar de revolucionario-, poniendo constantes palos en la rueda a la prometida transformación social, a la vez que, atendiendo al panorama actual, haciendo todo lo posible por destruir y pervertir a la juventud...

Lo cierto es que nada más lejos de la realidad: debe reconocerse que la sociedad ha cambiado, y a gran velocidad, lo que demuestra que la derecha no ha sido un actor político de peso ni tampoco un factor social de resistencia. Tampoco parece que una 'derecha', cualquiera que esta fuese, pero a la que siempre se acusa de dar prioridad a la comunidad y al sentimiento grupal antes que al individualismo, abogara por el modelo de hombre hedonista, insolidario e individualista que es protagonista absoluto del modelo social en curso.

Por tanto, y dado que no cabe culpar a una inexistente 'derecha', el desorden social que referimos tiene un único responsable, la hegemonía socio-cultural de la izquierda y su progresismo, que ha sido durante setenta años tan fundamentalista e intolerante con la diferencia teórica como incontestable en su aplicación práctica, y que ha impuesto su modelo social -un modelo que asimila felicidad a consumo y hedonismo- prácticamente sin oposición desde el fin de la segunda guerra mundial.

Desde nuestro punto de vista, la izquierda no solo ha fracasado por completo en su objetivo de crear un 'nuevo hombre' y una 'nueva sociedad', sino que ha sido utilizada, al modo de un tonto útil, por parte del verdadero agente del cambio, para promover los progresos que se quería instaurar por medio de romper toda resistencia de la sociedad a los mismos [4]. La izquierda ha realizado el trabajo sucio en el nivel de las ideas, mientras el capitalismo lo hacía en el nivel de los hechos consumados, la vida y las costumbres. Derecha e izquierda han sido -y siguen siendo- dos títeres manejados por un mismo titiritero que siempre permanece en la sombra.

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Abundando en esta idea, puede ponerse seriamente en duda que haya existido en el mundo occidental, al menos con posterioridad a la segunda guerra mundial, una corriente cultural o intelectual que pueda ser calificada como propiamente 'de derechas', algo que pueda considerarse enteramente 'conservador' sin caer en tópicos demo-liberales-progresistas. Nos referimos, claro está, a algo que vaya más allá de lo meramente marginal o anecdótico. Lo cierto es que desde el fin de la guerra lo que ha tenido lugar en Europa durante más de setenta años ha sido un monólogo progresista. Un progresismo que no podía de ningún modo plantar cara al modelo social capitalista liberal, pues comparte sus mismos principios -individualismo, materialismo radical, laicismo beligerante, etc.- como más adelante veremos.

En realidad el fracaso más significativo de la izquierda no lo constituye la pesadilla del 'socialismo real' del mundo soviético, sino más bien aquello que, a través de su ubicua propaganda, pretenden vendernos como su mayor éxito: la socialdemocracia europea y el 'estado del bienestar'. Esto es lo que proporciona la medida real de la capacidad transformadora de la izquierda y de su habilidad política: el análisis en profundidad de la socialdemocracia europea arroja un saldo, más que de fracasos y derrotas -como podría ser el de la izquierda revolucionaria-, de engaños y traiciones masivos a sus propios conciudadanos, engaños sostenidos solo gracias a una inmensa operación de propaganda y maquillaje mediático.

El 'estado de bienestar' no fue, como la falsificación histórica generalmente aceptada nos quiere hacer creer, una conquista de la izquierda y sus heroicas luchas proletarias anti-sistema, sino una concesión del núcleo más duro del liberalismo anglosajón -al más puro estilo paternalista del antiguo régimen-, a fin de presentar una cara amable y envidiable con la que competir en términos de propaganda frente al 'socialismo real', en cuya utopía naufragaba la mitad del universo industrializado y una parte considerable del mundo rural. Así, el 'estado de bienestar' de las ejemplares 'democracias occidentales' era más un triunfo de la práctica real del socialismo soviético oriental que de las teorías académicas del marxismo institucional que se producía en las universidades occidentales, pues sin 'telón de acero' no habría habido lugar para 'estado de bienestar' alguno. Y no deja de ser muy significativo que en los grandes años del desarrollismo industrial más desaforado de occidente la intelectualidad del régimen capitalista -sostenida y financiada por la oligarquía liberal- fuera precisamente marxista y 'de izquierdas', lo cual no es ninguna casualidad.

Por ello mismo, derrumbado el mundo socialista y derrotado el 'demonio rojo', el 'estado de bienestar' devino en un grave inconveniente para los intereses expansivos del gran capital globalista, ahora lanzado a la carrera por el monopolio mundial y del nuevo orden unipolar, máxime cuando la labor de disolución de la sociedad ya había sido ejecutada admirablemente durante 30 años por la misma inteligentsia marxista a sueldo del estado demo-liberal.

Con el mundo unipolar llegaron los años de quitarse la careta: el liberalismo mostraba por fin su verdadero rostro [5], el rostro de una sociedad demolida, vaciada de toda convicción y privada de sentido por sus mismos 'intelectuales', un auténtico ejercito de nihilistas y post-modernos.

Llegados a este punto -los años '90, años de la caída del muro y del colapso socialista- la izquierda debía ser reconducida y reconvertida, reciclada diríamos, para servir a los nuevos objetivos del globalismo multicultural. Era hora de olvidar la lucha de clases y los grandes objetivos revolucionarios. Así, de la 'gran lucha' contra el sistema la izquierda debía ahora pasar a las 'pequeñas luchas' locales, las 'micro-batallas' en defensa de las igualdades, las libertades, las minorías, la naturaleza (¿?) o cualquier otra excentricidad disolvente y centrifugadora que le fuera sugerida...

En efecto, el aparato intelectual de Occidente había cargado todas las tintas de su maquinaria teórica de demolición -con la excusa de derrotar ese enemigo siempre invisible pero eterno [6] que constituía 'la derecha'- contra los únicos valores que podrían constituir una resistencia al liberalismo: Dios, patria y familia, para abordar en último término la destrucción de los individuos mismos en tanto 'sujetos sociales activos' por medio de la ideología de género... Por tanto el papel inconfesable de la izquierda fue y sigue siendo el mismo: adoctrinar, inculcar y difundir ciertas 'ideas' convenientes para el poder entre la clase trabajadora, y muy especialmente entre la población más joven, a fin de fragmentarla psíquicamente e ir allanando el camino hacia un futuro sin posibilidad alguna de resistencia organizada.

Esta es la razón profunda que explica por qué la izquierda cultural no fue proscrita y marginada por el poder, ni demonizada como lo fue la derecha: su papel social no era tanto hacer la revolución como adoctrinar a las 'clases medias'. Y este papel lo ha cumplido a la perfección.

En conclusión, mientras la izquierda es un producto del poder destinado al consumo masivo por parte de la juventud a fin de que esta acepte cualquier ilusión de 'progreso', la derecha no ha pasado nunca de ser un fantasma, un pelele, un títere que agitar por parte del poder para mover y remover a las volubles clases medias. Un papel, el de agitar los viejos y agotados fantasmas al que la izquierda sigue prestándose convenientemente...

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"Es toda una experiencia vivir con miedo... Eso es lo que significa ser esclavo." Roy Batty, personaje replicante del film futurista Blade Runner.

Recientemente se ha podido presenciar un acontecimiento que supone una prueba excelente de lo que decimos, es decir de cómo la izquierda se moviliza agitando siempre los mismos viejos fantasmas, aún sin ningún sentido, en defensa del statu quo: el caso Charlie.

Sin duda el caso Charlie marca por sí solo un hito en la 'historia universal de la infamia' de los mass-media señalándolos más que nunca como 'la voz del poder'. Dejando a un lado el gallinero mediático y el esperpento político, la izquierda ha tenido un papel muy destacado debido precisamente a que, lejos de ponerse del lado de la sociedad y enfrentar el problema, ha pretendido exactamente lo contrario, aprovecharse de los acontecimientos y llevarnos a todos a su particular redil progresista, repleto de luchas 'justas' y 'liberadoras' y de 'mártires por la libertad'.

Nos estamos refiriendo, como es obvio, a la grotesca campaña de manipulación por la cual la izquierda más progresista -la de los derechos, las libertades y la igualdad- se ha otorgado a sí misma la etiqueta de víctima moral de los gravísimos acontecimientos.

Pretendiendo atraernos a todos hacia la defensa de 'los valores occidentales' y el progresismo utópico, la izquierda ha cumplido de paso la impagable misión de impedir toda disidencia al discurso liberal dominante. Resucitando sus viejos fantasmas de siempre -el racismo, el anti-semitismo, el retorno del fascismo y el fanatismo intrínseco a toda creencia religiosa- la izquierda una vez más ha protegido el núcleo del poder. No vemos razones por las que el ciudadano normal vería en hechos como estos un problema 'religioso' antes que un problema 'político', sin embargo la izquierda ha repetido hasta la saciedad que la religión es una peligrosa fuente de fanatismos... Una vez más, las consignas de siempre. Curiosamente este fanatismo religioso que dicen denunciar, no solo no da prueba alguna de existir, y en ninguna parte menos que en Europa y por supuesto tampoco entre musulmanes, sino que nunca se ha dirigido contra los laicos, antes bien históricamente ha sido al revés, como es notorio para cualquier persona cuyo conocimiento de la historia no esté cegado por sus prejuicios [7].

Sin embargo sí queremos notar que llama poderosamente la atención cómo ante estas campañas tan beligerantes en defensa del laicismo y el progresismo más fundamentalista e intolerante los creyentes no reaccionen en absoluto. Lo dejaremos aquí, porque creemos que las conclusiones resultan evidentes.

No contento el progresismo cultural, siempre tan cercano a las instituciones y tan servil al poder, con intentar beneficiarse de los hechos y ponerse los galardones de las víctimas, emprendió además otra estrategia muy habitual entre sus filas: silenciar en lo posible y demonizar a todos aquellos que por una u otra razón no coincidieron con sus viejas y caducas consignas, se sintieron manipulados y 'tele-dirigidos' por la campaña de inundación mediática o, simplemente, desconfiaron de manera natural de situarse del mismo lado que el poder político para marchar cogidos del brazo por el camino de los siempre nebulosos 'valores occidentales'.

Por lo demás, en una sociedad donde todos los derechos civiles se convierten en papel mojado día tras día, donde los parlamentos nacionales y supra-nacionales son un perfecto ejemplo de traición a sus ciudadanos y donde la libertad de conciencia es permanentemente conculcada por la propaganda mediática y el adoctrinamiento más burdo, parece cuanto menos exagerado alardear de la superioridad moral y de los 'valores' y las 'libertades' que se disfrutan en Occidente -un paraíso, si hemos de creer a los progres fundamentalistas, repleto de gentes de lo más desagradecidas a tenor de las estadísticas psiquiátricas y la frecuencia cada vez mayor de trastornos psicológicos de todo tipo-, pero además es necesaria mucha bajeza moral para seguir defendiendo algo que pueda ser llamado 'progreso'.

Coincidimos en este punto de plano con el profesor García-Trevijano cuando defiende con su habitual vehemencia que, después del siglo XX y de todos sus horrores -alimentados y sostenidos por los fanatismos ideológicos más chuscos y no por las religiones-, ninguna persona decente puede ser progresista.

Tratando de interpretar con perspectiva la reacción exagerada y dogmática de la izquierda cuando agita los fantasmas del resurgir de la extrema derecha y el problema de las religiones en nombre de la defensa de su programa liberal e ilustrado -programa que, no lo olvidemos, nos ha conducido hasta aquí- diremos que de lo que se trata aquí es de conducir más apaciblemente al redil a ese infeliz rebaño llamado 'clase media'. Una vez más la izquierda progre ha cumplido su papel de adoctrinamiento de masas y siervo del poder.

III

"Y unge tus ojos con colirio, para que recobres la vista." (Ap. 3:18)

Hasta aquí hemos expuesto la radical falsedad que contiene la popular dicotomía entre izquierda y derecha, así cómo su incapacidad para explicar adecuadamente la realidad social. Como hemos visto, la pretendida oposición entre estos términos forma parte de un discurso elaborado y promovido desde el poder para consumo de las mayorías, mayorías que pese a la ilusión democrática moderna tienen un papel por completo pasivo en el devenir de su sociedad. Por ello la elaboración del espectro 'ideológico-político' consistente en la aparente oposición de derecha e izquierda debe ser considerado en primer lugar un 'acto de propaganda', tras el cual, como veremos a continuación, el poder oculta y protege su verdadero núcleo.

A fin de combatir la perspectiva sobre la que se fundamenta la anterior dicotomía y que impide ver la verdadera relación de fuerzas que se esconde tras los agentes políticos de la dominación global, proponemos un nuevo modelo interpretativo desarrollado a partir de la noción de paradigma tal y como planteara T. Kuhn y desarrollara con posterioridad I. Lakatos, pues la modernidad occidental cumple todos los requisitos necesarios para ser considerada como tal.

En primer lugar debemos abordar el estudio de la modernidad misma como constituyendo un paradigma civilizatorio y cultural propio, es decir debe tomarse el fenómeno de la modernidad como formando un todo completo y auto-suficiente, que se basta a sí mismo a la hora de explicar el mundo y de reproducirse como orden social. Recordemos que la noción de paradigma sugiere un universo cerrado y coherente, que funciona con una lógica que le es propia e intransferible, tal y como supone la noción de incomensurabilidad que definiera Kuhn.

La modernidad cuenta con características suficientes para ser interpretada como tal, así por ejemplo la civilización moderna cuenta con su propio y muy elaborado aparato conceptual, filosófico y científico, que le sirve de andamiaje teórico a la hora de justificarse y legitimarse, un sistema teórico que resulta además indispensable para llevar a cabo la imprescindible función de reproducción del orden social concreto que lleva aparejado.

Por otra parte este sistema ideológico que implica el paradigma cumple una función cognitiva de primer orden para aquellos individuos que se encuentran inmersos culturalmente en el mismo, pues les proporciona las herramientas cognitivas necesarias para enfrentarse a la realidad. Podríamos decir, siguiendo aquel famoso ejemplo que empleara Kuhn [8], que los paradigmas son las gafas con que el sujeto ve -percibe- la realidad.

Dos características de esta dimensión cognitiva son especialmente significativas:

su invisibilidad - siguiendo con el ejemplo de las gafas, puesto que el sujeto jamás ha visto la realidad bajo otra óptica, entiende su punto de vista como natural y propio, no lo adjudica a circunstancias externas, por lo cual el sujeto establece una fuerte identificación con su punto de vista.
su exclusividad - la dimensión cognitiva del paradigma genera un acercamiento particular y en cierto modo único a la realidad, por medio de conformar todo el imaginario del sujeto, condicionando sus emociones, deseos, esperanzas y temores. Por esta misma razón al imponer un modo de ser-en-el-mundo particular y exclusivo el paradigma impide en la práctica cualquier otro posible acercamiento a la realidad.
Por tanto a la hora de estudiar un paradigma determinado es tan importante atender a lo que este incluye, es decir aquel conocimiento que permite y hace posible, como a aquello que excluye, es decir todos aquellos otros conocimientos -o modos de conocimiento- que imposibilita y niega por estar situados fuera del marco epistemológico que dicho paradigma impone.

En todo caso es esencial comprender que todo paradigma civilizatorio debe ser entendido como una realidad de orden psíquico y mental más que material, pues es una verdad más sentida que pensada y más emocional que racional, particularidad esta que tiende a invisibilizarlo sobre todo para los sujetos inmersos en el mismo y que ven la realidad a través suyo.

Y es aquí donde el término ideología adquiere todo su valor -muy lejos del sentido menor con que se emplea el término en la actualidad- pues hace referencia al conjunto completo de ideas que son propias y exclusivas de un determinado paradigma. La importancia de dicho ideario es capital como ya hemos señalado pues este universo ideológico conforma la principal herramienta cognitiva con que los sujetos se enfrentan a su realidad.

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Estructuralmente todo paradigma se compone de un núcleo invariante y de un cinturón protector. El cinturón protector, como ya advirtiera Lakatos, no es invariable sino que resulta modificado por la interacción permanente que mantiene el paradigma con la realidad exterior, es decir el contexto -sea natural o social-, que impone ciertos límites a su desarrollo a la par que le obliga a continuas adaptaciones. Podemos representar gráficamente la estructura de un paradigma del modo siguiente:



Los aspectos 'esenciales' de un paradigma cultural -lo que podríamos llamar sus 'principios motores' e 'ideas irrenunciables'- residen en el núcleo del mismo mientras el cinturón exterior es una 'zona estratégica' para la protección del núcleo por lo cual su valor es principalmente instrumental y carece de características fijas, esenciales o centrales. De hecho, tal y como Lakatos sugiere, cuanto más flexible sea este cinturón protector mejor podrá dar cuenta de las zonas oscuras y marginales del paradigma, por medio de adaptarse a los cambios y exigencias del contexto -ecológico, cultural, etc.- y cumplir más adecuadamente su función de defensa del núcleo, que permanece siempre inamovible. Por tanto cuanto menos fijo y esencialista -es decir más adaptable- sea el cinturón protector mejor responderá y asimilará aquellas preguntas que pudieran poner en peligro la coherencia del núcleo a la hora de explicar la realidad.

Si nos referimos al núcleo central la característica básica es que las ideas centrales que contiene son aceptadas sin discusión, no pueden ser cuestionadas ni tampoco rebatidas -funcionan como axiomas- pues el aparato teórico creado a su alrededor las protege, siempre y cuando se respeten unas reglas básicas de funcionamiento del paradigma que, al modo de leyes, dan lugar a una retórica propia. Cada universo ideológico hace uso de una retórica y una lógica propias. Esto resulta particularmente evidente cuando comparamos el discurso filosófico generado en diferentes épocas históricas, no solo los problemas planteados -las preguntas empleando el término que usara Kuhn- son dispares sino que también lo es el modo de abordarlos. Este es uno de los pilares fundamentales de la tesis kuhniana, la aparición de nuevas preguntas al darse el 'cambio de paradigma' que eran impensables según la perspectiva del paradigma anterior. Este fenómeno condujo a Kuhn a concluir que los diferentes paradigmas no pueden ser comparados, pues son universos teóricos y mentales diferentes [9]. En definitiva, lo que define el núcleo de un paradigma es su carácter axiomático e impositivo, que lo presenta como fuera de toda duda e invulnerable, ajeno a cualquier cuestionamiento.
Por su parte, el cinturón protector marca los límites cognitivos del paradigma y lo protege de injerencias ideológicas exteriores. Por ello las ideas propias de esta región se encargan en primer lugar de señalar los límites de lo aceptable así como de 'excluir' lo que resulta inaceptable, esto es, aquello que pondría en cuestión las ideas nucleares poniendo en peligro la supervivencia del paradigma mismo.
Un aspecto a destacar es que el cinturón protector puede según los momentos poseer zonas más o menos confusas u oscuras en las que el paradigma parece perder fuerza y perder su coherencia y homogeneidad. Si esto sucede en el campo de las ideas científicas -como demostró Lakatos- no hay razón para suponer que no ocurra lo mismo cuando nos referimos al conjunto de ideas de una cultura, es decir a un paradigma cultural.

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Es necesario trasponer en la medida de lo posible esta descripción morfológica del paradigma como 'marco de investigación científica' al ámbito de las culturas y en particular nuestra intención es aplicarlo al estudio de la modernidad, que es el caso que aquí nos ocupa [10]. Con respecto al paradigma moderno en concreto, en el núcleo central de la modernidad reconocemos tres ideas básicas e invariantes alrededor de las cuales gira todo el armazón teórico desarrollado por la civilización moderna a lo largo de los últimos tres siglos:

individualismo - subjetivismo - negación de toda verdad superior al sujeto.
materialismo - racionalismo.
laicismo - carácter anti-sagrado de la modernidad.
No es difícil percatarse de que estas tres ideas centrales se apoyan en un error o desviación de índole espiritual y que no es otro que el conocido giro anti-metafísico de la modernidad y la imposición del punto de vista profano como criterio único y exclusivo de acercamiento a la realidad. Por tanto lo que reside en el núcleo mismo del paradigma moderno es una fuerza de índole anti-tradicional [11]. La observación de los hechos demuestra que es así pues si hay algo que rechaza con vehemencia el paradigma moderno por encima de todo son aquellas interpretaciones de la realidad que remitan a lo sagrado o a un orden superior. Todas las ideas en este sentido son perseguidas, desacreditadas y tachadas de supersticiosas, pseudo-científicas y primitivas.

Laicismo y materialismo son inseparables: tanto uno como otro cumplen a la perfección su función de excluir cualquier interpretación espiritual tanto de la naturaleza -el materialismo- como de la sociedad -el laicismo-. El racionalismo por su parte es la transposición del materialismo naturalista al ámbito del alma humana: del mismo modo que el materialismo se impone como criterio único de estudio de la naturaleza -lo exterior-, el racionalismo trata de acaparar la totalidad del ámbito psíquico del ser humano -la dimensión interior-, excluyendo cualquier otro tipo de realidad psíquica o acercamiento a la verdad.

De modo análogo, si el materialismo es la primacía moral de la cantidad sobre la cualidad, el individualismo supone la primacía del ego sobre cualquier otra consideración o límite. El individualismo, partiendo del mismo germen anti-tradicional que las otras ideas-germen, está profundamente vinculado a la negación del principio de jerarquía lo que en el fondo supone una negación de cualquier verdad y de toda realidad superior al sujeto conduciendo al solipsismo, el subjetivismo, la 'dictadura de la opinión' y los ideales mesocráticos e igualitarios -homogeneizadores- tan propios de la modernidad.

Aquí encontramos un ejemplo claro de cómo funciona el paradigma en la práctica, generando 'ideas' compartidas por la mayoría social y que influyen en la convivencia y la realidad social, a partir de una idea germen muy simple que se presenta como un axioma incuestionable, a saber: la conocida doctrina de la 'libertad individual'. De este modo, a partir de cada uno de estos tres 'principios motores' se concretan y definen unos objetivos sociales que a su vez dan lugar a un proyecto político más o menos concreto y definido.

Dicho esto, podemos agrupar y resumir estas tres ideas centrales bajo una única 'marca' o idea más amplia, que de hecho las ha reunido históricamente: la doctrina del liberalismo. El liberalismo es el germen político de toda la modernidad y puede ser comparado a un fruto que contiene dentro de sí tres semillas -las tres ideas centrales que hemos definido anteriormente-. Todas las 'ideologías políticas' de la modernidad han aparecido como respuestas o matizaciones al liberalismo primigenio.

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Si dejamos ahora el núcleo ideológico del paradigma moderno y pasamos a ocuparnos de su zona más exterior o cinturón protector, encontramos otras ideas importantes a nivel popular pero mucho más vagas e indefinidas, ideas que cumplen a menudo la función de seducir a las masas. Ideas en general bastante groseras y frecuentemente supersticiosas tales como el mito democrático o la ilusión igualitaria.

Pero una de ellas ha poseído un éxito histórico indudable que la ha convertido en una herramienta fundamental para el funcionamiento de este cinturón protector durante casi doscientos años: el mito del progreso. Sin duda la idea de progreso, impuesta y naturalizada a través de la falacia de la teoría darwinista en el ámbito de la ciencia y del marxismo en el ámbito de la historia, es una de las ideas más exitosas que hayan existido y la que mejor ha servido para inculcar la 'modernidad' al común de las gentes.

Pero no debemos pensar que por ello sea una idea central, estamos ante una idea puramente instrumental, ante un arma ideológica y una herramienta de propaganda. No es de extrañar por tanto que entre los teóricos de primer nivel, la intelligentsia -tanto de corte izquierdista como liberal-, se venga sosteniendo últimamente que la idea de progreso se encuentra ya hoy muy desacreditada -sobre todo en la zona del núcleo paradigmático...-, sin embargo ésta idea sigue sirviendo muy fielmente a su función de propaganda para ilusionar a las masas, a las que siempre llega el deshecho intelectual producido para su consumo por la intelligentsia central del núcleo. Lo cierto es que fuera de los ambientes intelectuales la idea de progreso continua vigente en la sociedad pues sigue cumpliendo de manera exitosa su papel de ilusionar a las masas con la promesa de un futuro mejor. Y cuanto más vaga es esa promesa -sin especificar si se trata de un progreso tecnológico, social, cultural...- mejor parece ilusionar al común de las gentes.

Al aplicar este análisis estructural del paradigma -que podemos resumir mediante el esquema centro-periferia- a la civilización moderna podemos plantear la siguiente representación:



Al reflexionar sobre el anterior esquema se hace patente cuál es en realidad ese 'centro' donde residen la virtud política y en qué consiste la deseada 'centralidad' que todos los actores de la 'política-espectáculo' buscan tan afanosamente. Salirse de esa 'centralidad' es alejarse del núcleo paradigmático y avanzar por las regiones pantanosas de la indefinición ideológica y de la marginalidad ideológica donde tienen cabida ideas heterodoxas. En realidad solo puede admitirse abandonar la 'centralidad' para pasar a formar parte del cinturón protector, caracterizado por la confusión ideológica tanto como por la radicalidad política -teórica y práctica-. En esta zona en efecto muchas ideas son válidas, incluso aquellas aparentemente contradictorias con el núcleo o entre sí, por una sencilla razón: sirven estratégicamente como armas contra todo aquello que se sitúe fuera del paradigma moderno.

Como se aprecia en el esquema, izquierda y liberalismo están estrechamente emparentados. En primer lugar proceden de un mismo origen, el giro anti-metafísico de occidente, que es el germen mismo de la modernidad. Además comparten todas las ideas centrales del paradigma, empezando por las tres ideas fundamentales que hemos definido anteriormente.

En tanto situada en la zona periférica de protección, una de las funciones capitales de la izquierda históricamente ha sido la de destruir toda resistencia al nuevo orden de la modernidad y ensanchar el horizonte de influencia del paradigma. Aquí, el 'mito del progreso' ha sido una herramienta ideológica de primer orden para poder vencer las resistencias naturales ejercidas frente al cambio social revolucionario que poco a poco ha ido haciéndose hegemónico.

Precisamente en este sentido nunca se ha valorado lo suficiente el papel fundamental que el marxismo ha desempeñado a la hora de aportar al paradigma moderno las herramientas conceptuales y filosóficas necesarias para hacer de él un todo coherente capaz de explicarse y legitimarse a sí mismo. El marxismo dotó al núcleo del paradigma de un meta-discurso del que hasta ese momento carecía. Por citar tan solo un ejemplo, el marxismo suponía una justificación del materialismo, que era una rareza filosófica, bajo una apariencia científica. Y precisamente el marxismo se situaba en las regiones periféricas del paradigma pues se dirigía a aquellos no inmersos en él con el fin de re-educarlos. Consideramos por tanto que su sistema filosófico es la teoría que mejor sirve al cinturón protector del paradigma, tiene en común con el núcleo las bases epistemológicas pero añade a las mismas el mito del progreso y la utopía del finalismo histórico.

Hemos visto hasta aquí el vínculo genealógico que une progresismo y liberalismo. La principal diferencia entre ambas posiciones ideológicas es que una es más central que la otra y por tanto posee valores más esenciales e irrenunciables, los cuales por cierto son defendidos de modo extremadamente fundamentalista. Se comprende ahora por qué decíamos que la izquierda carece de esencias, de principios, y a menudo de definición, siendo su proyecto siempre contextual y variable, en tanto el liberalismo posee un proyecto revolucionario que, aunque se oculta bajo diversas manifestaciones históricas como puede ser el capitalismo, es esencialmente invariable en el tiempo.

En este sentido una matización es primordial para evitar equívocos: liberalismo e izquierda comparten un mismo carácter revolucionario, dado que toda la modernidad es en sí misma un proyecto revolucionario dirigido a volver del revés, es decir invertir el orden natural y social de las cosas. Y no hay más que atender a la realidad social que uno y otra han impuesto históricamente cuando han tenido ocasión para concluir que en efecto es así.

Esta relación de parentesco entre ambos proyectos revolucionarios es la razón de fondo por la que el núcleo liberal concedía sin problemas la elaboración del aparato cultural e intelectual de propaganda a las corrientes de izquierdas y al marxismo, convencido de ser la mejor estrategia a la hora de adoctrinar más profundamente a los sometidos proporcionándoles un producto a su medida y así quebrar en una o dos generaciones cualquier resistencia, empujando a los sometidos a aceptar el nuevo orden revolucionario como un bien...

El liberalismo se muestra así como la doctrina de la élite, dirigida a los pocos, mientras el progresismo y sus corolarios utopistas y revolucionarios son un mito, una superstición, fabricada para los muchos.

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Dicho esto, ¿dónde queda entonces la derecha? La derecha -entendida en el sentido clásico de conservadurismo no-liberal y defensa del antiguo régimen y su orden social- no tiene cabida alguna en este contexto revolucionario y cae por entero fuera del paradigma, lo que podría representarse gráficamente situándola en algún lugar de la zona de exclusión.

Esto nos permite entender varias cuestiones. En primer lugar explica el carácter marginal de la derecha desde las revoluciones liberales del siglo XIX. A su vez, a través de esta representación se comprende mejor por qué la derecha ha sido demonizada sin pausa por las propagandas tanto liberal como progresista.

En tercer lugar, se hace evidente también la razón de que su principal enemigo haya sido y siga siendo lo que se ha denominado 'izquierda', y que no es más que la avanzadilla, la vanguardia y la punta de lanza del paradigma moderno a la hora de ampliar su zona de dominio, pues según la estructura morfológica del paradigma es la izquierda, la abanderada de todos los progresos, la que toca -si puede decirse así- la realidad exterior al paradigma mismo y por tanto a quien le corresponde el papel de lidiar con los enemigos. Entre tanto, el núcleo revolucionario y anti-tradicional del liberalismo permanece bien a resguardo, protegido tras el cinturón sanitario que constituye la izquierda. Izquierda que, ahora resulta ya innegable, es su guardia pretoriana.

Desde esta perspectiva resulta comprensible el hecho de que el laicismo más radical y beligerante se manifieste precisamente en las zonas más marginales y periféricas del paradigma, allí el odio religioso toma formas tan descaradas como filosóficamente absurdas y groseras. Sin embargo, en el núcleo del paradigma el odio religioso presenta formas mucho más sutiles y refinadas en las que no vamos a entrar aquí pues no es este lugar para ello, baste indicar que van dirigidas a desacreditar la religión y demoler cualquier tradición espiritual 'desde dentro'. Se trata de un trabajo de fondo, dirigido sobre todo al debilitamiento y la adulteración de la Tradición, mientras el trabajo sucio se deja en manos, una vez más, de la fuerza de choque: la izquierda.

A largo plazo estos peligros emanantes del núcleo de la modernidad, que conducen progresivamente a la perversión espiritual de la tradición -y próximos a la idea de contra-iniciación de Guénon- son mucho más destructivos que los otros, pues mientras los primeros crean mártires y resistentes, los segundos solo dan lugar a falsos creyentes y herejías [12].

*

Como es lógico, situarse fuera del marco paradigmático hegemónico implica cambios de fondo sustanciales. Desarrollar un nuevo modo de ser-en-el-mundo implica algo más que las palabras y declaraciones de intenciones a que estamos acostumbrados. Es imposible escapar del ojo de huracán de este paradigma sin renegar explícita y activamente de su núcleo esencial, núcleo cuyos valores anti-tradicionales la izquierda sigue aceptando mayoritariamente.

Otro asunto de vital importancia es la creación de una nueva retórica, no dependiente del discurso central que el liberalismo ha venido desarrollando desde el siglo XVII en occidente -materialista, cientifista, individualista y laicista-.

Dos apreciaciones estratégicas queremos señalar para acabar.

A corto plazo hay que desmarcarse definitivamente de las 'ideologías políticas' de la modernidad. Su imaginario está demasiado en deuda con el núcleo del paradigma y su capacidad transformadora es tan limitada que no se puede esperar encontrar dentro de sus estrechos límites la solución a la problemática global actual. Las ideologías deben ser entendidas como peligrosas herramientas de división social diseñadas y dirigidas desde el verdadero poder central. Toda 'falsa ideología' moderna debe ser abolida.

En segundo lugar el cambio de paradigma pasa por la recuperación de un concepto fundamental, la noción de alma. Si la modernidad se ha caracterizado ante todo por la negación del mundo interior del hombre, el rechazo de sus necesidades inmateriales abogando por un reduccionismo materialista en todos los ámbitos de la realidad ello no es por una cuestión de pragmatismo, se trata de una cuestión central que hunde sus raíces en el giro anti-metafísico y la rebelión contra el espíritu que ya hemos citado antes. Recordemos que, como dijimos antes, racionalismo y materialismo son reduccionismos análogos dirigidos a la realidad interior y exterior al hombre respectivamente y suponen ambos la negación de la idea de alma tanto para el sujeto humano como para el mundo [13]. El rescate de esta idea puede funcionar como un nuevo germen que vaya aglutinando a su alrededor visiones y actitudes radicalmente ajenas al paradigma moderno.

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[1] Ya hemos señalado en otras ocasiones que el uso de los términos ideología y política por parte de la modernidad es espurio, pues falsean y enmascaran el sentido verdadero de ambos términos, por esta razón los entrecomillamos. Mientras no se indique lo contrario, y ya que estamos tratando su uso y función en la sociedad moderna, los empleamos refiriéndonos a su sentido convencional actual, no a su sentido profundo.

[2] Hay casos especialmente siniestros: la creación industrial de 'basura-espectáculo' fabricada específicamente para consumo de la juventud y controlada por oligarquías capitalistas de extraordinario poder se denomina 'cultura pop'; en realidad su cometido es justamente el contrario: destruir cualquier resto que pudiera quedar de cultura auténticamente 'popular' y anular la identidad cultural de la juventud, es decir desarraigarles, marcando su independencia 'cultural' con respecto a las generaciones que les precedieron en el tiempo, y creando una percepción de ruptura, de alejamiento, de falta de unidad e intereses comunes, con respecto a la generación de sus propios padres.

[3] Habría que abordar alguna vez las profundas y oscuras relaciones que existen entre las izquierdas y la cada día más omnipresente pseudo-espiritualidad new-age, relación de parentesco que además encuentra un vaso comunicante privilegiado en el ecologismo más superficial y de masas, que a través de la moda de lo 'verde' ya es un espacio más de mercado. Este mercado de lo ecológico conforma un marco en que todas estas culturas alternativas se dan cita y se celebran a sí mismas en su habitual ceremonia de confusión...

Esta relación es mucho más antigua de lo que cabe imaginar, por ejemplo: el progresismo radical de los años '60 y '70 -desde el movimiento hippy al mayo francés- tenía una tendencia pseudo-espiritual hacia el orientalismo muy acusada. Como frutos que son de un mismo árbol -la anti-tradición- pseudo-espiritualidad y pseudo-ideología siempre han estado mucho más próximos de lo que habitualmente se supone...

[4] El mejor ejemplo de cómo la izquierda y el progresismo han jugado el papel de 'tonto útil' preparando el camino para la llegada del nuevo orden postmoderno lo proporciona la popularización masiva de la droga como un bien de consumo más en el mundo occidental.

Salvando las distancias, ese mismo papel lo desempeña hoy el progresismo al respecto del 'feminismo' y la ideología de género, ejecutando el trabajo sucio de imponer su ideario a toda costa en las mentes de los hombres y mujeres: cuando se aprecia el carácter impositivo y fanático de este adoctrinamiento, que no admite críticas ni disidencias, se hace evidente su naturaleza de vanguardia del 'poder central' en la lucha por el dominio de las mentes y las almas de los individuos. Profundizaremos en ello en la tercera parte de nuestro artículo.

[5] Que el liberalismo radical no se escondiera tras el estado y se mostrara en todo su descaro como la 'doctrina del triunfo' es algo que solo había ocurrido en los años previos al crack del '29, lo cual es bastante significativo. Con el añadido además de que entonces el liberalismo se presentaba como una doctrina 'para todos', dado que 'todos' los hombres son iguales, una idea que vuelve a estar muy presente hoy en el discurso neoliberal: 'todo el mundo puede triunfar si es lo suficientemente emprendedor'. Tampoco es casualidad que los periodos de celebración del liberalismo desregulado conduzcan una y otra vez a colapsos económicos y severas crisis sociales.

[6] Tomamos el término de un famoso artículo de U. Eco, turbio personaje que es quizá, de entre todos los 'intelectuales progres' que en los años '60 y '70 preparaban el camino de la 'postmodernidad líquida', el más mediocre a la vez que el de mayor peso mediático de todos, características estas que curiosamente suelen ir de la mano.

[7] Quizá uno de los mayores errores estratégicos cometidos a la hora de enfrentarse a la modernidad sea el no haberla reconocido y tratado como lo que muy probablemente es, una pseudo-religión, expresión de la anti-tradición; un sistema de creencias y dogmas peligrosamente exclusivistas y etnocéntricos, cuya fe central son las incuestionables verdades del individualismo, el materialismo y el laicismo. El punto de vista profano que la modernidad promueve no se conforma con tener un espacio propio, ni siquiera con que se le permita hacer y deshacer sin rendir cuentas a nadie, por su misma naturaleza -al igual que el capitalismo, que es uno de sus frutos- busca inevitablemente expandirse y hacerse con el todo, desterrando cualquier otra concepción del mundo, en particular si esta es sagrada. Así, pese a que en occidente la espiritualidad verdadera ha sido suplantada por la pseudo-espiritualidad new-age y la religión ha sido expulsada de la sociedad y recluida en el 'ámbito de lo privado' -¡cosa que celebran incluso algunos creyentes!- el laicismo lejos de conformarse exige cada vez más...

Digamoslo sin ambages, la finalidad última de la modernidad es desacralizar -profanar- el mundo para lograr lo cual debe, tras haber derribado el orden tradicional, destruir cualquier residuo de concepción tradicional que pudiera quedar. El laicismo no se detendrá en su batalla anti-tradicional sean cuáles sean las concesiones que se hagan al mismo. Como puede verse en esto coinciden todas las izquierdas así como todo lo que hoy se denomina actualmente 'derecha democrática' o 'liberal'. Por ello no es sorprendente que el laicismo no persiga las nuevas pseudo-espiritualidades con la misma virulencia con que persigue y demoniza las religiones tradicionales.

Esto explica por qué es un enorme error que una religión cualquiera entable diálogo de igual a igual con la modernidad, como ha pretendido el cristianismo occidental generando confusión a raudales e incluso legitimando la modernidad a ojos de muchos creyentes, pues ¿cómo es compatible una concepción tradicional del hombre con una 'ideología moderna'? ¿En que punto de sus diferentes programas sociales o concepciones del ser humano pueden coincidir?

GUÍA PARA DESENMASCARAR A LAS FALSAS IZQUIERDAS

GUÍA PARA DESENMASCARAR A LAS FALSAS IZQUIERDAS
extraído de la web katehon.

       

Ante la avalancha de ideas, iniciativas, activismos, plataformas, movimientos, ONGs, partidos, etc., que se presentan como progresistas o de izquierdas, pero que en la práctica contribuyen, por activa o por pasiva, consciente o inconscientemente, a la dominación hollycapitalista, proponemos la siguiente guía, que esperamos contribuya a desenmascararlos.

En primer lugar, bajo el epígrafe MÁSCARAS, trataremos de mostrar que muchos de los temas que nos presentan como positivos esconden un aspecto negativo que es el más importante. Esto es, que detrás de la máscara del pretendido progresismo, izquierdismo, humanitarismo, ecologismo, etc., se esconde a menudo la agenda de dominación del gran capital. En segundo lugar, bajo el epígrafe ELUSIONES señalaremos una serie de temas que tienden a ser directamente ignorados, eludidos o censurados por estos movimientos, en la medida en que no pueden ser tan fácilmente manipulados o tergiversados como los primeros. En la práctica ambos grupos de temas, MÁSCARAS y ELUSIONES, operan de manera combinada. Las ELUSIONES son los más importantes para comprender en todo su alcance cómo se ejerce la dominación global hollycapitalista hoy. De ahí que tiendan a ser eludidos en los movimientos pretendidamente izquierdistas. Pero si esto es posible es en buena medida porque las MÁSCARAS, como indica el término, no solo enmascaran su verdadera intención, sino que también crean cortinas de humo para que no se trate de los temas importantes.

En todo caso es importante comprender que muchos de los temas de los que nos vamos a ocupar tienden a cambiar radicalmente de sentido en función de la escala a la que se implementen. Esto es, a menudo las iniciativas, ideas, movimientos, activismos, etc., no son positivos o negativos de manera absoluta por su contenido, sino por el tamaño de sus estructuras y la manera en que las grandes estructuras son recuperadas, infiltradas y manipuladas por el poder.

Máscaras

01. El anti-capitalismo. Una de las claves para desenmascar estos movimientos es que critican el capitalismo, el neoliberalismo, a las élites, a la "casta", a los bancos, al sistema de deuda, etc., pero lo hacen superficialmente. Es verdad que han actualizado en parte su discurso y en lugar de confrontar capitalista-trabajador ahora presentan oposiciones tales como acreedor-deudor, élites-ciudadanía, etc. Pero en general siguen en el marco del pensamiento marxista que pretende explicar y reformar el sistema en términos de estructura. Con ello eluden el fondo de la cuestión, que es que la dominación capitalista fundamental, y especialmente la hollycapitalista de hoy, se ejerce en última instancia al margen de la estructura económica, en el ámbito de la guerra, la inteligencia, la criminalidad, la impunidad, el secretismo y la conspiración.  

02. El globalismo. Todo lo que lleve el adjetivo "global" debe despertar nuestras sospechas. Toda una serie de iniciativas "globales" que se presentan como humanitarias, ecológicas, justas, redistributivas, fiscalizadoras, etc., son máscaras que esconden una lógica muy simple, que es que cuanto mayor sea el alcance de las estructuras de poder mayor será su capacidad para imponerse de manera violenta sobre todos aquellos que se opongan a ellas. El globalismo es un eufemismo de imperialismo, y no hay nada que haga pensar que el imperio global de hoy sea distinto del  resto de imperios históricos. Solo ha desarrollado mecanismos más sutiles para enmascararse.

03. El soberanismo. Hoy el pulso fundamental se está manteniendo entre los estados-nación, en particular los BRICS, y las estructuras globalistas. Esto significa que todo lo que debilite a los estados-nación tenderá a reforzar las estructuras globales. El poder es una hidra con numerosas cabezas. Opera empujando alternativamente los dos platos de la balanza para desestabilizarla y aprovecharse de ello transformando las estructuras de dominación. Las transferencias de soberanía de los estados-nación al Nuevo Orden Mundial se están produciendo por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda, desde los estados-nación hacia las estructuras transnacionales y hacia las regionales.

04. La transparencia y la corrupción. Muchos de estos movimientos pretenden luchar por una sociedad más transparente, aparentan combatir la corrupción en las estructuras de poder. El problema es que, de nuevo, tienden a poner el acento en la transparencia y en la corrupción de los políticos y de los estados-nación, y no en el complejo entramado que está por encima de ellos. De esta manera estas iniciativas contribuyen en última instancia a debilitar las estructuras estatales y con ello a reforzar la opacidad y la corrupción de las estructuras transnacionales.

05. La horizontalidad. Es necesario comprender que las estructuras horizontales no se oponen a la verticales, como nos pretenden hacer creer. Las estructuras horizontales encubren también mecanismos de dominación verticales y centralizados, solo que más sofisticados y más sutiles que los tradicionales. En el fondo la lógica es similar a la del intercambio mercantil, que aparenta ser horizontal, libre, regulado espontáneamente por la oferta y la demanda, cuando en la práctica está tensada permanentemente por la asimetría del poder, basada en la apropiación de recursos naturales, energéticos, en la creación de dinero fiduciario, de información, etc. La horizontalidad también es una apariencia en la medida en que el poder infiltra agentes o colaboradores en la estructura aparentemente. Tanto más fácilmente cuanto más horizontal es la estructura. Wikipedia es el mejor ejemplo de esta falsa horizontalidad, como una iniciativa solo en parte horizontal, colaborativa, etc., pero en la que la información más sensible es manipulada, tergiversada y censurada desde los centros de poder globales.

06. La participación. Este tema está estrechamente vinculado al anterior. Los movimientos  participativos, colaborativos, asamblearios, voluntarios, no mercantiles, etc., pueden ser enriquecedores a un cierto nivel, pero pueden servir también como dispositivos de amortiguación y recuperación que mantienen ocupados a los participantes y evitan que se impliquen en los temas fundamentales. Pretenden ser movimientos autónomos pero en la práctica siguen dependiendo de las estructuras de dominación globales. La clave para valorar estas iniciativas es hasta qué punto contribuyen, aunque sea indirectamente, a la dominación hollycapitalista, hasta qué punto, tras las máscaras de la cooperación, lo común, lo libre, etc., lo que está en juego es la apropiación del trabajo, las ideas y las energías de la ciudadanía por parte del gran capital.

07. La sostenibilidad. La sostenibilidad, el ecologismo, lo verde, lo biológico, etc., pueden ser iniciativas loables siempre que actúen a la escala local o regional, que desafíen verdaderamente a las estructuras de dominación global. Como decíamos, hay que valorarlas en función de la escala y el verdadero impacto que tienen en otras escalas del sistema. La sostenibilidad y el ecologismo  considerados a gran escala encubren la desindustrialización de los centros, la dependencia de estructuras de producción y distribución globales, la implementación de mecanismos de control de las periferias desde los centros. En última instancia, la sostenibilidad a la escala global encubre la agenda eugenésica de las élites hollycapitalistas.

08. El humanitarismo y el antirazismo. De nuevo estos temas suelen ser utilizados por el sistema como caballos de Troya. El humanitarismo está siendo utilizado sistemáticamente para legitimar guerras, en el colmo de la hipocresía hollycapitalista, según la cual los cazas de combate y las bombas protegen a los seres humanos. El antirazismo es otra coartada para que las masas acepten y contribuyan a las dinámicas de destrucción de las tradiciones, de las identidades, de las idiosincrasias, de las particularidades, de las diferentes culturas, razas, naciones y religiones. La mezcla racial, cultural y religiosa está siendo uno de los mecanismos fundamentales utilizados por las élites globalistas para desestructurar profundamente y destruir el alma colectiva de los pueblos, y con ello su capacidad de resistencia. La mezcla social, ingenierizada al más alto nivel, crea el caldo de cultivo para, en el momento necesario, canalizar el descontento de las mayorías a través de las minorías, para catalizar procesos de desestabilización, para instigar guerras civiles.

09. El transgenerismo. Se trata de una estrategia similar a la anterior, que encubre la desestructuración de las sociedades tradicionales y la destrucción de formas de vida moderadas, virtuosas, equilibradas, naturales, fértiles. Tras la máscara de la relaciones homosexuales, bisexuales y transexuales se esconde algo tan crucial como es el socavamiento de la moral y del sentido común, la desintegración del complejo erotismo-amor-sexualidad-fertilidad-crianza. Como en el caso del humanitarismo y del antirazismo mal entendidos, la ideología transgénero es el caballo de Troya para la destrucción de las estructuras sociales más fundamentales, que son las que mejor pueden hacer frente a la agenda distópica globalista. En última instancia se trata de una forma de eugenesia encubierta de la que los propios ciudadanos son víctimas, en el momento en que optan "voluntariamente" a renunciar a conformar seres sociales a un tiempo naturales y culturales. El movimiento LGBT, a pesar de ser relativamente minoritario, desempeña un papel fundamental en el conjunto de las sociedades hollycapitalistas, como vanguardia "transgresora" que sirve de referencia para el resto de las "opciones" sexuales.

10. El feminismo y la violencia de género. Como el movimiento transgénero, el feminismo y las campañas hollycapitalistas de violencia de género operan como vanguardias sociales, generando un gran efecto en el conjunto de la ciudadanía. Su impacto es especialmente marcado en los niños y los jóvenes, minando las bases morales de las sociedades a largo plazo. Suelen ser considerados formas de ingeniería social, pero lo cierto es que se basan en mecánicas propiamente religiosas y rituales, lo que refuerza aún más su capacidad para transformar profundamente a la sociedad.  Como el movimiento LGBT, con el que se producen importantes intercambios, el feminismo y la violencia de género contribuyen de manera encubierta a la desestructuración de las sociedades tradicionales, la familia, la pareja, e, insistimos, la desintegración del complejo erotismo-amor-sexualidad-fertilidad-crianza. En última instancia contribuyen a la agenda hollycapitalista de mercantilización y apropiación de la fertilidad humana, a la transformación del ser humano en ganado-mercancía.

11. La cultura. La llamada "cultura", esto es, la industria del espectáculo, es uno de los elementos de dominación centrales en el hollycapitalismo. De ahí que hayamos acuñado este término de hollycapitalismo, que creemos más apropiado que los de capitalismo tardío o cognitivo. Con él nos referimos no solo a Hollywood en particular, sino a la dimensión hollywoodense que atraviesa todo el sistema. Esta dimensión hollywoodense es también crucial para comprender los movimientos pretendidamente izquierdistas, pues remite a la misma mecánica de fondo de generar mucho ruido y mucho espectáculo pero eludir los temas importantes.

12. El estilo. Vinculado con el tema anterior, las falsas izquierdas suelen recurrir a todo tipo de estrategias de estilo para aparentar lo que no son, que abarcan el aspecto, la forma de vestir, el peinado, la forma de hablar, el tipo de lenguaje o términos utilizados, que tenderán a distanciarse lo más posible de los códigos conservadores o de derechas. Los medios de desinformación explotan estas aparentes contradicciones, presentando las rastas o las camisas de cuadros de unos en contraposición a los trajes y las corbatas de otros, mientras los temas fundamentales que transformarían el statu quo se eluden. La combatividad aparente forma parte de esta estrategia de estilo.

Elusiones

13. El dinero fiduciario. Esta es una de las claves de bóveda de la dominación imperial hollycapitalista. De nuevo hay que hablar de hollycapitalismo porque el dinero es la mayor de las ficciones del sistema. Comprender los mecanismos de creación de dinero fiduciario por parte de los bancos centrales, la deuda soberana y el sistema de reserva fraccionaria, en sus vinculaciones con la geopolítica global, el control de los recursos energéticos y las guerras de divisas, es fundamental para comprender el funcionamiento del sistema. Así como el hecho de que toda esta mecánica escapa por completo al poder de la mayoría de los estados y es de hecho uno de los mecanismos a través de los cuales estos son controlados por los grandes capitales.

14. El reseteo monetario. Como correlato de la falta de comprensión, debate y denuncia del sistema monetario fiduciario, las falsas izquierdas eluden tratar de la situación crítica de bancarrota en que hoy nos encontramos, del hecho de que esta situación nos llevará tarde o temprano a un reseteo monetario global o a una tercera guerra mundial. Junto a ello las falsas izquierdas tenderán a eludir todo lo relacionado con los metales preciosos y su utilización milenaria como respaldo de monedas. Sobre todo teniendo en cuenta que este es el modelo que defienden los BRICS y que está siendo motivo de confrontación feroz al más alto nivel.

15. La tercera guerra mundial. Según muchos analistas estamos ya inmersos en los prolegómenos de una tercera mundial, que se está librando ya entre el imperio atlantista-sionista y los BRICS en forma de guerra de divisas, devaluación del petroleo, sanciones, pretendidos accidentes industriales y de aviación, guerra de propaganda y otras formas de guerra no convencional. En la práctica las grandes potencias están enfrentándose indirectamente a través de fuerzas de terceros países o de ejércitos proxy. Este tema tiende a ser eludido por las falsas izquierdas, así como el papel que los diversos estados desempeñan en el entramado global de alianzas, convenios y ejercicios militares, de manera que en el caso más que probable de una escalada del conflicto global los posicionamientos de cada estado serán ya difícilmente modificables.

16. El terrorismo. Como una de las formas fundamentales de guerra no convencional, el verdadero alcance del terrorismo internacional es otra de las piedras de toque de las falsas izquierdas. Estas tienden a adoptar la narrativa oficial según la cual los estados occidentales son los "buenos" y los terroristas son los "malos". Como mucho reconocerán el papel que estados totalitarios aliados de Occidente como Israel, Arabia Saudí y Turquía juegan en esta guerra proxy. Pero pocos movimientos de izquierda llegarán a comprender, reconocer y denunciar que el terrorismo internacional es hoy uno de los mecanismos de dominación hollycapitalistas fundamentales, controlado de diversas maneras por las agencias de inteligencia occidentales (CIA, MI6, Mossad y otras), y utilizado en un amplio rango de operaciones que van desde la presión política y geopolítica, la desestabilización a la guerra civil, así como en atentados de bandera falsa en los propios estados que controlan el terrorismo para legitimar la implementación de estados policiales, dictaduras y en general la agenda globalista.

17. Las crisis ingenierizadas. Junto al terrorismo de estado encubierto toda una serie de fenómenos que hoy padecemos son en su mayor parte crisis híbridas, en parte espontáneas y en parte ingenierizadas. Tras la segunda guerra mundial, las guerras convencionales (hasta la de tercera generación) tienden a desaparecer y a ser sustituidas por guerras no convencionales, híbridas o asimétricas (de cuarta y quinta generación) enmascaradas detrás de estas crisis ingenierizadas de todo tipo: revoluciones de color, crisis migratorias ingenierizadas, golpes de estado encubiertos, "accidentes" tecnológicos y de transportes provocados, pandemias de laboratorio, manipulaciones climáticas, catástrofes "naturales" geoingenierizadas, etc. Lo que se echa en falta sistemáticamente en las pretendidas izquierdas es comprender y denunciar el papel que estas crisis ingenierizadas están desempeñando y seguirán haciéndolo en las próximas décadas en los  mecanismos de dominación global y en la implementación del Nuevo Orden Mundial.

18. Los transgénicos. Se pueden considerar también una forma de guerra de cuarta y quinta generación, en la medida en que persiguen no solo la conquista del mercado global de alimentos, sino también la destrucción encubierta de la agricultura y la ganadería tradicionales. Pero lo que está en el trasfondo de los transgénicos es mucho más crucial, y pocos movimientos de izquierda están llegando tan lejos como para comprenderlo o reconocerlo. Y es que lo que se enmascara detrás de los organismos genéticamente modificados es la manipulación encubierta de la especie humana y, en última instancia, su transformación en ganado-mercancía.

19. El transhumanismo. Vinculado al anterior, el transhumanismo es otro de los caballos de Troya del sometimiento total del ser humano y su transformación en mercancía, en el marco de redes de inteligencia artificial y cibernéticas. La estrategia fundamental en este caso es presentarnos el transhumanismo como un "progreso" beneficioso para el hombre, en particular en el ámbito de la medicina o la asistencia en diversas actividades, pero utilizando esto como una cortina de humo para encubrir el proyecto de domesticación y control total de los cuerpos y de las mentes que esta agenda implica, mediante el uso de diversos dispositivos tales como microchips implantables y nanoparticulas inteligentes que ya invaden, controlan y manipulan nuestros órganos de manera encubierta.

20. La geoingeniería. Vinculada al resto de los temas, la geoingeniería es uno de los fenómenos más ausentes en los movimientos de falsa izquierda, y más importantes para la agenda de implementación del Nuevo Orden Mundial. Consiste en la fumigación generalizada de sustancias químicas, sintéticas y orgánicas, mediante estelas químicas o chemtrails, que generan las condiciones para proyectar ondas electromagnéticas desde estaciones tipo HAARP. Con ello puede manipularse el clima, generar sequías, inundaciones, huracanes, terremotos y maremotos, y modificar globalmente el clima. El cambio climático es un gran montaje hollycapitalista, creado en parte mediante geoingeniería, para el avance en la agenda globalista. Como decíamos, la geoingeniería permite también el control y la manipulación de las poblaciones mediante técnicas psicotrónicas, usando nanoparticulas inteligentes que invaden los cuerpos, afectan a funciones biológicas y neurológicas específicas, y contribuyen a domesticar o a instigar movimientos de masas.

21. La ingeniería social. Aunque ya hemos hablado de este tema al tratar sobre el transgenerismo, el feminismo y la violencia de género, merece la pena insistir en que la ingeniería social es uno de los mecanismos de dominación hollycapitalistas fundamentales. El frente fundamental de estas estrategias de transformación social son los medios de masas, las películas, las series, las redes sociales, pero también las instituciones culturales y educativas en las que esta agenda de manipulación y destrucción de las formas de vida tradicionales se presenta como "teoría". Las formas de vida alternativas deben ser respetadas. Pero eso es una cosa y otra muy distinta hacer de la anomalía el paradigma.

22. El gobierno en la sombra. Las falsas izquierdas tienden a pasar por alto el papel central que las sociedades secretas, los gobiernos en la sombra, los estados profundos, las agencias de inteligencia, etc., desempeñan en la dominación global. El grado de infiltración de estas estructuras de poder en los estados, las instituciones, las iglesias, y en general las distintas organizaciones sociales, es fundamental para comprender como funciona el mundo. Como decíamos, pocos movimientos pretendidamente de izquierdas comprenden o quieren comprender que los mecanismos de dominación y de transformación hollycapitalistas dependen de estas estructuras ocultas, que operan detrás de las estructuras visibles del sistema, desde el secretismo, la amoralidad, la alegalidad, la impunidad y la criminalidad, al servicio del proyecto globalista.

23. El Nuevo Orden Mundial. Esta es otra de las piedras de toque para reconocer los falsos movimientos de  izquierda. El Nuevo Orden Mundial es el objetivo en el que confluyen las distintas agendas de los distintos ámbitos y a las distintas escalas. Se trata de un proceso de largo alcance, que se remonta al menos a la Ilustración, y que supone la instauración progresiva y continua, pero también escalonada, de este gobierno mundial, mediante la instigación de revoluciones de un signo y de otro, de guerras, el control de mecanismos mercantiles, financieros y monetarios, la ingenierización de shocks de todo tipo, etc.

24. El comunismo. En relación con la agenda secular del Nuevo Orden Mundial, como es evidente las falsas izquierdas no sabrán o no reconocerán que el comunismo ha sido en parte un fenómeno instigado por las sociedades secretas atlantistas-sionistas para catalizar conflictos mundiales, justificar la carrera armamentística, destruir culturas tradicionales milenarias como la rusa y la china, homogeneizar su nivel de desarrollo con el occidental. De hecho todo el izquierdismo en general puede ser interpretado como un fenómeno de disidencia controlada y de recuperación por parte de estas élites.

25. El nazismo y el antisemitismo. La demonización del nazismo es otra de las estrategias del imperio hollycapitalista para, asociándola a él, descalificar cualquier iniciativa de soberanía nacional que suponga una alternativa real al globalismo, basada en valores verdaderamente anti-hollycapitalistas, esto es, valores tradicionales, identitarios, raciales, espirituales, religiosos, es suma, valores propios de seres colectivos encarnados. Pocos movimientos de izquierda reconocerán que las élites atlantistas-sionistas instigaron tanto la revolución bolchevique como el nazismo alemán para desencadenar la segunda guerra mundial y resolver la crisis de 1929. La victimización de los judíos, las manipulaciones históricas y mediáticas de su genocidio, el abuso del concepto de antisemitismo, las leyes de excepción que los protegen, el poder desmedido de los grupos de presión sionistas, la proporción desmedida de sionistas en la política, la economía, la cultura y el espectáculo, el papel central de Israel en la geopolítica mundial, etc., son todos elementos fundamentales para comprender cómo funciona el imperio atlantista-sionista y elusiones habituales en los falsos movimientos de izquierda, a menudo financiados por entidades sionistas.

26. La religiosidad. Ya hemos avanzado que el hollycapitalismo no es solo un sistema económico o político sino también una religión en toda regla, pero que se enmascara detrás de un supuesto secularismo. Los mecanismos de dominación hollycapitalistas fundamentales, los atentados terroristas de bandera falsa, las catástrofes "naturales" geoingenierizadas, las pandemias de laboratorio, las campañas mediáticas de ingeniería social, los mecanismos de manipulación hollywoodense en todos los ámbitos, no pueden comprenderse en todo su alcance si no es como rituales religiosos hierogámicos y sacrificiales orquestados por las sociedades secretas atlantistas-sionistas que atesoran este conocimiento desde hace milenios, al margen de los mecanismos de adoctrinamiento de las instituciones oficiales.

27. La exopolítica. Por último, el tema más tabú, más desconocido, más resbaladizo, en el que pocos se atreven a adentrarse, es el de la interacción de la raza humana con otras razas o entidades alienígenas o extraterrestres. El tema es más político de lo que parece a primera vista en la medida en que estas entidades alienígenas o extraterrestres estarían influyendo decididamente en los desarrollos humanos. Este tema podría ser utilizado también como una coartada para crear un evento de bandera falsa de gran alcance que sirviese para manipular a las masas de cara a la implementación del Nuevo Orden Mundial.